Cada día en todo el mundo, el ser humano genera millones de
toneladas de basura. Sin embargo, muchos de estos desperdicios se
reciclan y vuelven a estar de nuevo en las estanterías de los
supermercados. Algunos de estos residuos
son los metales, que representan el 10% de los desperdicios que
producimos a diario. Pero, ¿qué, cómo y dónde podemos reciclar los
metales?
Latas de leche en polvo, de conservas, de refrescos, motores, herramientas, cables.... En nuestra vida diaria estamos rodeados de metales,
los cuales se pueden reciclar, ya que la mayor parte de ellos se
pueden fundir y volver a procesarse creando nuevos materiales.
Sin embargo, estos metales no siguen un patrón común a la hora de reciclarse. De ahí que sea importante separar el aluminio de aquellos materiales ferrosos como el hierro y el acero, ya que en muchos centros de reciclaje no se aceptan ambos tipos. Se pueden diferenciar de diversas maneras. La más fácil es a través de la etiqueta identificadora que la gran mayoría de los productos poseen. En caso de no tener dicha información, se podrá recurrir a un remedio más casero, como el de coger un imán. Todos aquellos materiales que no se peguen querrán decir que son de aluminio.

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